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Sin duda, el protagonismo es el contenido y no el continente, pero, ¿qué sería del contenido, sin una botella de vino como la que conocemos hoy en día? Y cuando digo botella del latín butticŭla, me refiero también al tapón, dos elementos, tapón y botella, que pasan inadvertidos, ante lo glorioso de su “inquilino”, ya sea vino o espumoso, que es lo que nos atañe en este caso.

El material Erróneamente decimos botella de cristal, cuando a las que nos referimos están hechas de vidrio, un material que a diferencia del cristal, está compuesto de cerámica inorgánica, amorfa, dura, frágil y transparente hecha a base de arena de sílice, carbonato de sodio y caliza, se juntan y se funden a una temperatura de 1,500ºc. Sin embargo el cristal, contiene óxido de plomo, que le da particularidades como mayor brillo y su sonido particular. El óxido de plomo que contiene, hace que el cristal necesite mayor calor para su fundición, por lo tanto las temperaturas a los que son sometidos son diferentes, tanto para su producción como para su reciclaje y no se pueden fundir en los mismos hornos, son cosas muy diferentes. El titulado inglés Sir Kenem Digby es considerado el inventor de la botella de vino moderna, fabricaba botellas de vidrio tintadas con colorantes, ocres, azules, y otros tantos, normalmente oscuros para proteger el contenido de agentes externos como al luz solar y con un tapón de corcho. Esto era por el año 1634 y se usaban en los vinos de Oporto, observando sus beneficios de micro oxigenación que le aportaban al vino. La primera botella que se usó como contenedor de una bebida carbonatada fue patentada por Hiram Codd, un productor de refrescos gaseosos en 1872, y llevaba el nombre de Codd Nick Bótale. Como vemos, este tipo de envase, es relativamente “nuevo”. Ya que botellas de vidrio como tales ya las producían los fenicios, pero para perfumes o medicinas, para las bebidas se usaban botellas hechas de arcilla, barro u otros elementos y sin mejor tapa que un o “plato” del mismo material o simplemente carecían de tapón.

Partes de una botella la botella está dividida de la siguiente manera:

Formas Por su color tienen usos diferentes y debido a su origen, varían en nombre, son muchísimas, y las más comunes son:

Bordelesa o Burdeos. La más común de las botellas. Alta, de figura cilíndrica recta, hombros pronunciados, altos y cuello bien marcado, la de color verde y ámbar se usan para tintos y las transparentes para blanco, rosados y dulces.

Jerez y Oporto. Similar a la Burdeos, normalmente algo baja, más curva de figura y en el cuello tiene un abombamiento y un gollete doble para dejar sus sedimentos, son normalmente de color oscuro o negras.

Rhin, Mosela y alsaciana. También conocida como Hock o Hoch. Original de Alsacia, similares a las del Valle de Rhône y Burgoña algo más estilizadas, en Alsacia se usan las verdes y ambarinas, mientras que en el Rhin y Mosela el verde es algo más claro y es menos común la de color ámbar.

Champagne o Champenoise. Se usa para los vinos espumosos, es de paredes más gruesas y resistentes que las demás botellas para poder aguantar la presión de los vinos carbónicos, es normal que la base posea una hendidura muy pronunciada, guarda similitud con la bordelesa pero de hombro menos marcados. Se usa mucho la de color verde pero cada vez más son usadas las oscuras o ambarinas.

Franconia o Bocksbeutel. Es una botella aplanada, de cuello medio, cilíndrico y su mayor característica es su contorno redondeado. Se usa normalmente en vinos alemanes y es de color verde.

Borgoña o Borgoñesa. Su origen está en la zona que lleva su nombre y también es muy usada en el Ródano, es de las más antiguas, y su forma es parecida a la bordelesa pero de hombros caídos y casi rectos y punta más pequeña. Es común el uso de la botella verde.

Hoy en día, cada vez más, las bodegas hacen uso de botellas realmente bonitas, tanto en diseño como en colores, donde demuestran toda su arte los maestros fabricantes de botellas, y muchas veces tienen una pqueña parte de culpa del precio de los vinos que las llenan.

Ahora bien, teniendo claro esto, otro elemento importante en nuestras botellas de hoy en día es el tapón, discutiremos en otra oportunidad, los tipos y beneficios o no de los diferentes tapones que existen ahora para tapar nuestras botellas, nos centraremos más en el corcho. Descubierto en el siglo XVIII por Dom Pierre Pérignon, así es, no le bastó con descubrir el Champagne, también quería el corcho, aunque el material ya se conocía, nadie lo había usado como tapón hasta el momento, e hizo su descubrimiento, durante una peregrinación a Santiago de Compostela. Notó que este material era ideal para tapar las botellas que los peregrinos llevaban durante su viaje debido a sus características de expansión, contracción e impermeabilidad que tenía el corcho y que podría tapar de forma casi hermética sus botellas de Champagne para una segunda fermentación en la botella y posterior conservación.

Tamaños Disipadas estas dudas básicas sobre la simple botella y su compañero más tradicional como tapón en la vida del vino, veremos que tamaños de botellas de usan para el vino y el Champagne y los nombres que reciben y aunque no todos los tamaños se “venden como botellas de vino” ya que muchos se usan para muestras, adornos, temas publicitarios y/o comerciales otras botellas pueden estar llenas de líquidos que no son vino, incluso no son aptos para el consumo humano y aunque dependerá de la zona en la que estemos o del vino que lleve dentro, ya sea vino como tal, Oporto o Champagne su nombre puede variar.

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